El orgullo del emprendedor herido

Este año hemos presentado Busining al Premio EmprendedorXXI de La Caixa y… no hemos ganado. Oooooh!!!

De hecho no hemos sido ni finalistas, ni seleccionados entre los cinco primeros, ni mencionados, ni nada de nada. Y ¿por qué? Pues porque había ideas mejores y no somos un “Proyecto TIC”.

Con todo mi orgullo del emprendedor herido decidí ir a la entrega de premios a ver quién había sido el osado ganador de nuestro trofeo.

La entrega de premios me caldeó aun más al descubrir que los finalistas eran proyectos basados en nuevas tecnologías: aplicaciones móvil, portales online, geolocalización… Dejando más patente que hoy día no eres emprendedor si no te dedicas a algo relacionado con las TIC. Aunque, sinceramente, para mí son medios para innovar en otros servicios, y no productos en sí.

Creciendo en mi sobresalto, cuando presentaron el ganador, Bubok, resulta que era otro negocio de la red. Es una editorial online, donde todo el mundo puede publicar y vender sus libros. Por tanto, confirmado, no existe nada más allá de internet. Vaya rebote me pillé.

Cuando volví a la oficina y me senté a ver qué era eso de Bubok descubrí lo obvio, era un muy digno ganador y yo también los hubiera votado. Es una gran idea y os recomiendo que os deis una vuelta por ella. Es la democratización de la creatividad literaria, pone al alcance de todos la posibilidad de sacar el best seller que llevamos dentro. Es un canal editorial alternativo que refleja la esencia de internet: da al usuario la libertad de elegir y el poder de hacer triunfar lo que verdaderamente le gusta.

Pero entre tantos premios, proyectos y buenas ideas, ahora me asalta una duda:

¿Los más premiados son los más exitosos?

En mi opinión el éxito te lo otorga el mercado. Los clientes y su fidelidad son los que te  elevan a los altares o te dejan caer al más profundo abismo. Necesitas una buena idea, un proyecto lógico y estudiado, el capital para arrancar, gente que te apoye y echarle ganas, ilusión, esfuerzo y tiempo, mucho tiempo. Y con todo eso, a lo mejor resulta que no es el momento, y el mercado no acepta tu innovación.

Esta es la grandeza de la “selección animal de los negocios“. Esa selva donde todos podemos entrar pero que sólo los más fuertes sobreviven. Y donde ni siquiera te salvan los premios. Aunque evidentemente si te ayudan, por lo menos en la promoción y en la moral.

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