“Papá mira Cola-Cola”

“Papá mira Cola-Cola”

Con la boca abierta me ha dejado hoy mi hija, de 3 años, al ver esto y decir muy entusiasta:

“Papá mira cola-cola”

Es increíble como una persona que no sabe leer, no pronuncia bien ni el nombre referido, que conoce los colores desde hace dos días y que ni siquiera ha probado el producto, identifica entre un sin fin de mensajes externos un símbolo que vincula a una cosa que se bebe. ¡Increíble!

Con esto no quiero destacar la mayor o menor inteligencia de una niña de 3 años, sino la asombrosa fuerza de la publicidad, la imagen y la comunicación. Seguramente la archi-presencia navideña de Coca-Cola y su oso en todos los medios, supermercados y celebraciones familiares ha generado una imagen tan penetrante y positiva en su mente que la simple visión de las formas en un medio externo la recuerda la presencia de eso que se bebe. O sea, lo que viene siendo el objetivo de la publicidad.

Sé que este tema está muy manido y no vamos a descubrir nada nuevo, pero nos vale para recapacitar en general sobre lo que tenemos que construir y la influencia indirecta que generamos a nuestro alrededor.

Hoy en día todo tiene una imagen y todo comunica algo a multitud de personas que no sabemos a ciencia cierta las sensaciones que les estamos transmitiendo. Muchos dirán que está todo muy estudiado y que conocen perfectamente los objetivos y efectos que generan, pero yo no estoy tan seguro.

En un mundo tan global y accesible ¿de verdad que todo es medible? ¿Y las sensaciones? ¿Y los sentimientos?

Creo que debemos recapacitar, personal, profesional y empresarialmente, todas nuestras acciones. Y debemos generar “marcas” potentes que transmitan valores positivos para aquellos que los ven. Aunque sea simplemente por hacer una vida mejor y más sencilla en nuestro entorno.

O simplemente, piensa que si esto lo capta ya una niña de 3 años, ¿qué sensación está generando tu empresa en el mercado?

¿Es para pensárselo o no?

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