Te cambio mi idea por tu aprobación

Muchas veces los emprendedores necesitamos ese último aliento de aprobación que nos termine de respaldar la idea de negocio y nos empuje al abismo empresarial. Buscamos y preguntamos a un sin fin de fuentes, tratamos de moldear los conceptos y lo que contamos para que suene mejor, preparamos presentaciones y discursos elocuentes, hasta inflamos un poquito los números para que sean asombrosos. Todo por la búsqueda de la aprobación del que se lo contamos. Pero es normal. Se llama ilusión, y es algo que nunca debe faltar. Eso sí, con la dosis adecuada de coherencia y realismo.

La ilusión es el componente subjetivo más etéreo y volátil que existe, pero que más hay valorar en cualquier proyecto. La ilusión es alegría, emoción, ambición, optimismo, futuro… Y lo más importante: personas. Un business plan o un cuadro de previsiones muestran datos, números, gráficos o palabras, pero sin sentimientos, sin sensaciones. Son lo necesario para poner todo en orden, tener un respaldo objetivo y plasmar todo en formato visible. Pero no debería ser lo suficiente para que alguien te de su aprobación o su dinero. Tenemos que ver más allá de los números, si son razonables, y valorar el esfuerzo y la ilusión de las personas que lo van a llevar a cabo. Los Planes de Negocio a parte del VAN y la TIR deberían incluir el IIE (Índice de Ilusión y Esfuerzo). Esto muchas veces haría más comprensibles y humanos los Proyectos.

Hay una frase por ahí que dice algo así como “prefiero una idea mediocre con un gran equipo, que una gran idea con un equipo mediocre”. Y la suscribo “a pies juntillas” con un matiz:

Prefiero una idea mediocre con un equipo pleno de ilusión, que una gran idea con un equipo mediocre… o de genios sin ilusión.

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