Me gusta arropar a los clientes

Me gusta arropar a los clientes

Hace unos días un proveedor/colaborador en una conversación sobre el trato al cliente me hizo un comentario un poco sorprendente, más si cabe cuando soy cliente:

– Es que a ti solo te falta arropar a los clientes.

Pues… Sí. Y si hiciera falta lo haría encantado. Es más… ¡Me gusta!

Me gusta que cuando la gente trabaja con nosotros tenga la sensación de estar calentito y a gusto. Esa sensación fraternal del invierno, en la que nos gustaría acostarnos en una cama mullidita, arropados con un nórdico hasta los ojos, con la cabeza en una almohada de plumas que nos envuelva y oyendo de fondo los crujidos de la madera al quemarse y el chisporroteo del fuego al huir por una chimenea. Es la sensación del hogar donde sabes que nada malo te va a pasar. Donde sólo miran por ti. Donde  la confianza y la transparencia casi se pueden tocar. Donde te sientes tan cómodo y liberado que sólo tienes que cerrar los ojos para soñar.

¡¡¡Ufff!!! ¡¡¡Qué sensación!!!

Pues esta es la sensación que quiero que tengan nuestros clientes cuando vinenen a nosotros, y la que me gusta tener cuando soy cliente.

Evidentemente y en cualquier caso no tenemos que confundir servicio con servilismo. Porque dentro de todo este romanticismo hay que tener dos ideas claras:

  1. El cliente siempre lleva la razón… si la lleva. Se puede decir a un cliente que no razonadamente y seguro lo entiende y le generas más confianza.
  2. Esto son negocios. No hay que olvidar que al final hay un ser superior que se llama empresa y sobre ella los resultados.

Pero teniendo claras y obviando estas frialdades,

¿A quién no le gusta tener la sensación de que le arropan? Aunque sea de un proveedor

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