El fracaso no es la frustración

El fracaso no es la frustración

No debemos tener miedo del fracaso sino de no haberlo dado todo para evitarlo.

Tenemos que poner cada día toda nuestra creatividad, esfuerzo, trabajo y recursos (no sólo económicos ni sólo para emprender) para empezar o para cambiar de rumbo cuando no vamos por el camino correcto. O porque el mercado y los clientes nos ponen en la realidad de sus necesidades.

En la vida el fracaso no es lo peor. De este se puede aprender y levantarse. Lo peor es la sensación de deshazón, dejadez y/o frustración por no haber hecho todo lo posible para alcanzar el objetivo deseado.

Fijarse una meta sin una hoja de ruta nos puede llevar a trabajar y gastar recursos en balde. Y con ello al fracaso y a la frustración.

Tampoco podemos tener clara la ruta y obcecarnos en no salirnos de ella por mucho que las señales del camino nos indiquen lo contrario. Hay que tener visión y ser lo suficientemente hábil y flexible como para recalcular la ruta o trazar nuevos caminos.

Lo mismo pasa con la meta. Podemos plantearnos una de inicio pero en el día a día darnos cuenta de que ese no era nuestro destino. Para no rompernos los esquemas del medio o largo plazo podemos fijarnos hitos intermedios, cuyo cumplimiento nos mostrarán más claro el objetivo final.

Y en el trasfondo de todo esto está nuestro temor al fracaso. A no llegar. A no cumplir. A perder. Pero sí luchamos y ponemos todo nuestro empeño y recursos en ello, aunque fracasemos, no saldremos frustrados de este envite y habremos aprendido más de lo que creemos para el siguiente reto.

Como decían en la Antigua Roma:

“Gloria para los vencedores y honores para los perdedores” (pero si lo han dado todo por ganar)

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