¿Oficinas abiertas? Mejor, adaptadas

¿Oficinas abiertas? Mejor, adaptadas

Llevamos algunos meses conociendo conclusiones de estudios sobre open office, espacios de trabajo abiertos, o las oficinas sin despachos, tan de moda en los últimos años, que según se cuenta, imitan el modelo americano.

Pues bien, nosotros también hacemos una reflexión acerca de este modelo de oficina.

Hemos leído en periódicos nacionales corrientes que defienden que ‘cualquier lugar es bueno para trabajar’, basándose en que la tendencia de la jornada de ocho horas en la oficina va a pasar a la historia (aseveración que consideramos tiene matices, teniendo en cuenta las diferentes profesiones y responsabilidades de cada puesto). Pero no por ello, se va a pasar de ocho horas en el puesto de trabajo a cero.

Esta afirmación la cambiaríamos por ‘se puede trabajar en cualquier lugar pero NO cualquier lugar es bueno para trabajar’.

Ponemos un sencillo ejemplo: un profesional tiene una reunión en una céntrica calle de Madrid y aprovecha las horas previas para preparar el encuentro acudiendo a una cafetería (lugar donde se dice que se originó el concepto de coworking) con conexión a internet. Se acomoda, se conecta y comienza a desarrollar la temática que tratará en la reunión. En la mesa de al lado se sienta un grupo de universitarios veinteañeros que han decidido no asistir a la clase de Estadística II…

En resumidas cuentas, un espacio que ofrece conexión a internet NO es suficiente para trabajar (bien). De ahí que las oficinas abiertas pueden tener sus ventajas en cuanto a favorecer la comunicación pero pueden afectar a la productividad si no existen áreas privadas para realizar llamadas o desarrollar el trabajo que requiera máxima concentración.

Acabar con la oficina tal y como la conocemos parece algo imposible, ya que lo realmente necesario es encontrar una oficina flexible a las nuevas tendencias laborales. Quizá, los profesionales del futuro más próximo no necesiten un espacio fijo durante ocho horas diarias, pero sí necesitarán un número de horas diarias o semanales para desempeñar lo entendido como ‘trabajo de oficina’, porque por muy modernos que seamos, aún persiste la necesidad de ‘sentarse delante del ordenador’ para desarrollar informes, presentaciones o buscar información.

Existen corrientes que acabarían con el modelo original de oficina en cuanto a los espacios de reuniones se refiere, alegando que para una reunión informal o para favorecer la interacción de los asistentes al encuentro, mejor hacerlo en un pasillo con sofás, o sentados en los incómodos taburetes del coffee area, o subidos a un tobogán.

Desde nuestro espectro consideramos que el tono de las reuniones lo marcan los participantes de las mismas. La comodidad (y no hablamos de sofás) es fundamental para que no surjan las prisas por terminar. Y cuanto menos estridentes sean los espacios de trabajo, menos distracciones habrá y mejor será la productividad.

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