El fracaso no es la frustración

El fracaso no es la frustración

No debemos tener miedo del fracaso sino de no haberlo dado todo para evitarlo.

Tenemos que poner cada día toda nuestra creatividad, esfuerzo, trabajo y recursos (no sólo económicos ni sólo para emprender) para empezar o para cambiar de rumbo cuando no vamos por el camino correcto. O porque el mercado y los clientes nos ponen en la realidad de sus necesidades.

En la vida el fracaso no es lo peor. De este se puede aprender y levantarse. Lo peor es la sensación de deshazón, dejadez y/o frustración por no haber hecho todo lo posible para alcanzar el objetivo deseado.

Fijarse una meta sin una hoja de ruta nos puede llevar a trabajar y gastar recursos en balde. Y con ello al fracaso y a la frustración.

Tampoco podemos tener clara la ruta y obcecarnos en no salirnos de ella por mucho que las señales del camino nos indiquen lo contrario. Hay que tener visión y ser lo suficientemente hábil y flexible como para recalcular la ruta o trazar nuevos caminos.

Lo mismo pasa con la meta. Podemos plantearnos una de inicio pero en el día a día darnos cuenta de que ese no era nuestro destino. Para no rompernos los esquemas del medio o largo plazo podemos fijarnos hitos intermedios, cuyo cumplimiento nos mostrarán más claro el objetivo final.

Y en el trasfondo de todo esto está nuestro temor al fracaso. A no llegar. A no cumplir. A perder. Pero sí luchamos y ponemos todo nuestro empeño y recursos en ello, aunque fracasemos, no saldremos frustrados de este envite y habremos aprendido más de lo que creemos para el siguiente reto.

Como decían en la Antigua Roma:

“Gloria para los vencedores y honores para los perdedores” (pero si lo han dado todo por ganar)

Nos venden que el fracaso es bueno, que nos ayuda, que si no has fracasado no eres un emprendedor de verdad, que si es una gran experiencia, que si todos los grandes lo han hecho alguna vez, que si en EE.UU. (que van muy por delante nuestra) se valora mucho…

Como dice un amigo mío…

¿¿¿Pero estamos locos o qué???

Es verdad que fracasar no es el fin, ni hay que ser tremendista, ni debe ser el freno a nuestro ímpetu emprendedor ni el lastre a nuestras ideas. Pero que fracasar no es la panacea. No nos engañemos.

El fracaso…

  • Nos cuesta dinero.
  • Nos hace perder tiempo antes, durante y después.
  • Nos condiciona psicológicamente para el siguiente proyecto. Eso si lo ponemos en marcha porque ya le hayamos cogido miedo o porque nos presionan externamente.
  • Nos genera prejuicios, barreras mentales y nos nubla más que el éxito.
  • Perdemos credibilidad. Por más que todo el mundo se afane en decirnos que no pasa nada. (¿En quién confiarías más? ¿En alguien que siempre ha tenido éxito o en otro que ya tiene uno o varios muertos a la espalda?)
  • Volvemos a empezar o reconstruir nuestra idea con todo lo que significa.

Y muchas más razones que nos pueden dar todos los que han tenido que enfrentarse a ello, sea por el negocio, la idea, los socios, el mercado, la crisis, los impagos…

Del fracaso tenemos que aprender, analizar el por qué, tomar las decisiones adecuadas y seguir adelante con este u otro proyecto. En definitiva, tenemos que hacer lo mismo que con el éxito, solo que en negativo.

Para mí el fracaso puede deberse a 2 “faltas”:

Falta de creatividad

  • Por no haber planteado bien el negocio de inicio o no saber cambiar en movimiento en función de las necesidades.

Falta de sangre fría

  • Para tomar las decisiones adecuadas antes, durante y si llega el fin.

Estos dos conceptos se pueden adornar como ideas, estrategia, plan de negocio o de viabilidad… pero al final es pensar y tomar decisiones.

 

Moraleja:

El fracaso es malo, pero no hay que tenerle miedo

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